sábado, 15 de septiembre de 2012

Entretenimiento Noticioso


Los dominicanos somos fogosos; para unos esto es una cualidad, para otros es un defecto. Independientemente de la valoración que se le pretenda dar a esta característica, el apasionarnos es parte de nuestra identidad cultural. Esto es fácilmente verificable por cualquier extranjero que toca nuestras tierras por vez primera. Al interactuar con uno de nuestros compatriotas notan  enseguida esa  emotividad. En sentido general, llevamos nuestras emociones en las mangas y conjuntamente con ellas nuestras preferencias.

Esta particular característica muchas veces no respeta fronteras, y nos lleva a  romper   protocolo y  ética invariablemente. Las primeras muchas veces no pasan de un momento bochornoso, pero las segundas trascienden a efectos sociales nocivos.

Siempre he creído que la politización de la sociedad dominicana, además de obedecer a las necesidades económicas que afecta a nuestro país desde sus inicios, a la ausencia de oportunidades para la movilización social positiva, al fomento del paternalismo a través del clientelismo, a la conciencia social de muchos y a la vocación de servicio de otros, obedece también a la referida característica de apasionamiento de nuestro pueblo. Por eso, muchas veces los procesos políticos dominicanos, principalmente los  electorales, dan muestras de radicalizaciones inexplicables en donde  razonamientos y  comprobaciones  no tienen cabida.

Ahora bien, cuando se tiene la responsabilidad de comunicar a la población  procesos y hechos económicos, sociales, políticos, o de cualquier índole, se tiene al mismo tiempo la obligación de entregar dichos datos de manera objetiva. Las opiniones de los comunicadores deben ser identificadas como tal y no vertidas como parte de la información brindada. Por eso, se hace necesario ratificar la separación entre  lo que es  noticia y lo que es entretenimiento.

Ciertamente, los comunicadores   tienen la responsabilidad de no traspasar esa barrera ética y de no mezclar las opiniones con las informaciones,  alejándose del apasionamiento político y económico. También es deber de los que recibimos las noticias de verlas críticamente; distinguir entre  la información y  el  entretenimiento. Ante  el predominio del entretenimiento noticioso, es una  visión crítica lo que nos permitirá discernir entre  intereses enmascarados y los hechos  verdaderos. Identificando así la diferencia entre lo que quisieran que pensáramos de lo que en realidad pensamos.

sábado, 24 de julio de 2010

¿Poder de la soberanía o soberanía del poder?


Los que vivimos en una sociedad con conceptos occidentales de lo que es una República Democrática, entendemos, culturalmente hablando, que la soberanía proviene del pueblo, y que dicha soberanía es delegada por elecciones democráticas y que los designados para llevar a cabo la voluntad popular asumen legítimamente sus posiciones por dicha delegación. Si la soberanía es el poder de decisión que tienen los pueblos, poder que no tiene ningún otro como supremo al mismo, entonces los pueblos son los supremos decidores de su presente y su futuro, al menos en teoría.

Asumiendo que lo anterior es cierto, es de suma importancia determinar cómo es esa soberanía ejercida, ya que la razón de ser de la soberanía no es otra que la de lograr satisfacer las necesidades de su originador, es decir, satisfacer las necesidades del pueblo. Para el ejercicio de la soberanía, el actor principal difícilmente puede considerarse que sea el pueblo en su conjunto, porque si bien es cierto es donde esta reside, no existe en una sociedad compleja una manera identificada en la que pueda toda la sociedad actuar al unísono constantemente en el ejercicio de la misma. De ahí la salida buscada en la delegación de poderes de esta para que sea un conjunto de personas, entre las que se encuentran el Congreso Nacional y el Presidente de la República, que se encarguen de las ejecutorias cotidianas requeridas por la soberanía. Convirtiéndose estos en mandatarios del soberano.

Aunque la soberanía per se no se delega, sino la autorización necesaria para cumplir los deseos de esta, ante dicha delegación nos encontramos frente al peligro de un desenfreno en la ejecución de esa autoridad delegada, donde, en ausencia de controles y balances auténticos y efectivos, el detentador de dicho poder delegado se convierte en el actor soberano mismo, en vez de ser un representante del pueblo soberano. Es en este punto donde el ejercicio realista del poder convierte en difusa la línea que separa la delegación de las ejecutorias de los deseos del soberano (el pueblo) y la soberanía del poder ejecutivo, convirtiéndose entonces este último en soberano actuante disfrazado de representante de la población.

De lo anterior se colige que para que en realidad exista una relación legitima entre el pueblo soberano y los que se encargan de ejecutar su voluntad, deben existir ciertas condiciones imprescindibles como son: (i) procesos electorales totalmente transparentes, diáfanos y exentos de presiones de poder sobre la voluntad de los ciudadanos y (ii) controles y balances efectivos que al mismo tiempo en que señalan cuales son los poderes delegados por el pueblo soberano, delimitan la acción de dicho poder, dejando ciertos poderes sin delegar y conservándolos en las manos de la población. Con estas especificaciones y delimitaciones, toda acción de los poderes constituidos que transgredan dichos limites, estarían en contradicción con los designios del soberano, por lo que su invalidación y sanción serían de lugar.

En otras palabras, para que el poder de acción sobre los intereses de la soberanía sea delegado legítimamente por el pueblo en un sistema democrático, debe haber elecciones transparentes y libres de presiones directas, cuyos funcionarios electos se enmarquen dentro de una Constitución y leyes adjetivas que además de establecer sus funciones, responsabilidades y limites, el cumplimiento de las mismas sea la garantía de auto sustentación estructural, mediante la penalización a sus transgresiones.

Es por esto que se debe considerar al entramado Constitucional-legal de una nación, no como un conjunto de letras vertidas en moribundos papeles que tienen poco o ningún efecto real en las ejecutorias cotidianas del quehacer socio-político, como lamentablemente se actúa y considerada actualmente en nuestro país. Sino más bien como la acción soberana misma del pueblo; en donde la violación a dichos preceptos, designios y deseos es la más clara afrenta a la voluntad popular y con ello a la estructura de Estado que este ha decidido establecer. El respeto absoluto por el cumplimiento de una Constitución de la República surgida de una designación directa de la voluntad popular prístinamente respetada, es la única garantía para mantener una estructura de Estado que se considere democrática.

Ahora bien, en una sociedad donde los procesos electorales adolezcan de “irregularidades” lo suficientemente graves como para cambiar el resultado de una elección; donde la voluntad popular sea presionada directamente por fuerzas obligando a cambiar la decisión del voto o simplemente a no ejercer su obligación participativa en democracia; difícilmente se pueda considerar ese proceso de construcción Estatal como un proceso desde abajo hacia arriba. Si, además de lo antes dicho, es una sociedad en donde el sistema Constitucional y de leyes adjetivas no producen ningún tipo de penalización ejemplificadora ni si quiera contra aquellos que hasta públicamente la transgreden, entonces no es una sociedad determinada ni limitada por su Constitución, es decir no es una sociedad donde la soberanía del pueblo sea la base de las acciones de sus delegados.

En un sistema verdaderamente democrático, en vista de que la soberanía surge de la población, la construcción del Estado debe ser realizada desde abajo hacia arriba. En este esquema de construcción, el pueblo funge como la base o zapata sobre la cual se erige la edificación Estatal que comprende la estructura de acción y ejecución de los deseos y voluntades del soberano. Es decir, se apoya en el pueblo, para cumplir los deseos del pueblo, siendo el Estado un instrumentum de la población. En cambio en un Estado donde la población sirve únicamente de apoyo justificativo discursivo, donde las ejecutorias del entramado Estatal no surgen para satisfacer las necesidades populares y por lo tanto sus detentadores no son producto de las designaciones del pueblo, se habla de una construcción Estatal de arriba hacia abajo, en donde, el verdadero soberano deja de ser el pueblo y es el detentador del poder mismo, el jefe de dicha estructura. En estos casos no se puede hablar de democracia como forma organizacional y de actuación del Estado, sino más bien de autocracia.

Es importante revisar el caso dominicano, y verificar cuales son las realidades existentes para poder determinar la realidad político-social de nuestro país. Como mencionamos anteriormente, los procesos de delegación del poder de soberanía y de rectificación de conductas en violación a la voluntad de la misma deben ser los primeros puntos a revisar en la evaluación político-social dominicana, ya que de esta manera se podrá entender si la construcción estatal es realizada de abajo hacia arriba y si las acciones del poder Estatal se encaminan al franco beneficio de la población, es decir si existe democracia.

Respecto al sistema de delegación de los poderes de acción de soberanía, podemos ver que en nuestro país las elecciones aún adolecen de irregularidades graves, por un lado la voluntad electoral es presionada a priori, ya sea para cambiar su elección o para que simplemente no se ejerza el deber de voto. Estas presiones indebidas no se refieren a las campañas publicitarias de promoción de candidaturas, sino más bien a la utilización de los recursos públicos para la compra de voluntades, la extorsión de supresión de medios de vida mediante amenazas de despidos de empleos públicos, el fomento del clientelismo en el fragor de la contienda política, por mencionar algunas. Todas estas son presiones indebidas y constituyen doble violación soberana, puesto que su origen es la corrupción y su efecto es la alienación de la voluntad popular.

Igualmente, respecto de la necesidad de ejemplificar con la penalización de actos ilegales se refiere, en la República Dominicana no existe el más mínimo esfuerzo sincero y serio en apresar a los violadores de la Constitución y las leyes. Las persecuciones en la comisión de crímenes se concentras en casos donde los autores no tienen respaldo gubernamental, obviando por completo en la supuesta lucha contra la criminalidad los actos de corrupción pública administrativa, los cuales desde el punto de vista de organización Estatal, son los más graves, ya que son los que pueden determinar y afectar el sistema de estructuración Estatal mismo.

En resumidas cuentas en la República Dominicana el supuesto soberano, que debe ser el pueblo, no es el que designa a sus delegados; ni es su voluntad, la de la búsqueda de soluciones de la sociedad, respetada en las ejecutorias de los detentadores del usurpado poder disfrazado de soberanía delegada.

¿Se podría decir entonces que el sistema de construcción Estatal en nuestro país no se realiza desde abajo hacia arriba, sino desde arriba hacia abajo? ¿Podríamos entender nuestro sistema no como una democracia sino más bien como una autocracia? Y si es así, entonces ¿podríamos considerar que la falta de claridad de que esta sea nuestra realidad se debe, al menos en parte, a la imposición de un disfraz mediático con recursos económicos públicos por parte de los detentadores del poder acompañado de un fomento de las precariedades en la población?

Si lo anteriormente expuesto refleja la realidad dominicana, el abandono de la esperanza acompañada de la lucha por adecentar nuestro entorno y por construir un verdadero sistema democrático de Estado de Derecho no es la solución. Por el contrario, la solución sigue residiendo en la férrea voluntad y decisión de participar activamente en los procesos políticos y sociales de nuestro país, convirtiéndonos en actores principales y no solo críticos disfuncionales de nuestras penas e inequidades sociales. Sigamos avanzando en la construcción de alternativas francamente diferentes que puedan conducir al Estado con el concepto social del mismo pero no limosnero, con un criterio de equidad en la distribución de las riquezas, y con la principal tarea de nivelar los espacios de acción social para que sean las capacidades de los individuos las que delimiten sus logros en vez de las precariedades e imposibilidades materiales en que vive nuestra población las que impongan los limites de desarrollo humano.

Lo difícil no es lograrlo, lo responsable es hacerlo. Atrevámonos a servir a nuestro país.

Por:

Luis Miguel De Camps García

Imagen Sustraída de la revista Fusion. www.revistafusion.com. Marzo 2008

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Despolitización de la educación




El camino seguro al desarrollo nacional es el de la educación de calidad para todos. La educación es la liberación de la mente que se encuentra en la miseria de la ignorancia, liberación con la que desaparecen los límites impuestos por la sociedad y por las precariedades materiales. Lo tristemente curioso consiste en que aunque sabemos esta verdad incontrovertida, nuestro país en el día de hoy se encuentra en los últimos lugares de calidad educativa. Nuestros estudiantes saben menos gramática y matemáticas que casi todos los países del continente.

El sistema educativo dominicano sufre de una centralización atrofiada que hiere cualquier esfuerzo por mejorar la educación nacional. Esta centralización disfuncional no ha sido resuelta porque desmontarla significaría tumbar de un solo golpe una estructura politiquera que sirve de apoyo al gobernante de turno. No es un problema de nuestros secretarios de educación, los cuales han sido a grandes rasgos mujeres y hombres con conocimiento de la materia y con algún indicio de vocación de servicio. El problema es más que ellos, es estructural.

Para romper esta paralización del desarrollo intelectual de los dominicanos, que sólo produce más pobreza, miseria y desesperanza; y por tanto corrupción y criminalidad, debemos dar un golpe de efecto mediante la apertura a la participación de toda la sociedad en el esfuerzo educativo. Hemos visto como los planteles públicos dirigidos por organizaciones sin fines de lucro, han podido superar la calidad del estudiante con la misma asignación de fondos públicos. Esto se debe en parte a que en dichos planteles influye mucho menos la politiquería y cuando un profesor no cumple adecuadamente su obligación no puede seguir impartiendo clases, independientemente de su tendencia partidista. Debemos darle seguridad a esas y nuevas entidades, para que cumpliendo requisitos, continúen dedicándose a la enseñanza sin temor que ministro alguno le “desplace” en la dirección de dicho plantel.

Debemos facilitar al sector privado la instalación y operación de colegios, con exenciones fiscales y participación corporativa del área, logrando así centros privados de educación de la más alta calidad al más bajo costo y por lo tanto de amplio acceso social.

Para asegurar el mejoramiento de la calidad de los maestros, debemos implementar un sistema de bonificación por desempeño. En donde maestros cuyos estudiantes resulten con notas sobresalientes en exámenes estandarizados, sean compensados con beneficios económicos, ya que habrán demostrado haberse preocupado por trabajar en su propia preparación aprovechando los cursos facilitados por el Estado.

Creo que iniciativas como ésas, las cuales siempre pueden ser mejoradas, producirían un vuelco de sectores que quieren hoy aportar y no saben cómo, aumentando exponencialmente la presencia de centros educativos de calidad, a la vez que logra resolver problemas administrativos a la cartera de educación del Estado.

Si queremos tener un país desarrollado, debemos apostar a la gente e invertir en ella. Invirtiendo en la verdadera materia prima dominicana, su gente, podremos producir bienes y servicios para sobrevivir y exportar. Evitemos que la politiquería mantenga rehenes a nuestros niños, decidamos brindarles la educación que necesitamos.
Luis Miguel De Camps

viernes, 23 de octubre de 2009

Respuesta de Evelina – Comida Familiar


Estimado doctor, hace ya algún tiempo me describía usted al Estado y su patrimonio como la gran mesa de banquetes donde los funcionarios de turno, y sus familiares, se sientan cómodamente a devorar todo lo que en ella se coloca. Recuerdo que decía también que aquéllos que no estaban sentados simplemente se quejaban y creaban conflictos para que quien se sentara en su cabeza les invitara a tomar asiento y compartiera lo que millones de personas aportaban.

En los últimos días, hemos visto como algunos de esos comensales han empezado a surgir en defensa férrea de su “derecho” no sólo de sentarse en dicha mesa, sino de reservar espacios a sus familiares por el hecho de que fueron de ayuda en lograr la invitación a la comilona.

Lo preocupante no es sólo ver como devoran nuestros recursos despedazando nuestras riquezas y saqueando nuestros bolsillos, que son a fin de cuentas los que pagan las carnes y finos elementos de dicho banquete de funcionarios; sino también, y sobre todo ahora, ver como se pretende satanizar la ley de libre acceso a la información pública sólo porque está cumpliendo la labor para la cual fue aprobada.

Sensacionalistas son los pedimentos a que se decapite uno de los pocos instrumentos jurídicos que aboga por la transparencia, sólo porque no les gusta que el pueblo les vea en el espejo toda esa grasa colgante después de haber comido insaciablemente de nuestro dinero. Prefieren comer en privado, ya no porque les avergüence que les vean comiendo, sino porque entienden que no deben defenderse de las acusaciones de saber de donde han salido esos platos.

La solución, estimado doctor, no es volver a poner las cortinas al salón privado de banquetes, derogando la ley de libre acceso a la información pública. La solución es poner a dieta a todos los comensales armados de espátulas vomitivas, y hacerles entender que las posiciones logradas son para servir y no para servirse. Esa solución se logra con la participación de todos.
Luis Miguel De Camps

jueves, 6 de agosto de 2009

Diálogo con Luis Miguel De Camps. Rostros. Periódico HOY.


5 Agosto 2009, 8:34 PM


Dialogo con Luis Miguel De Camps G.“La política es una actividad incomprendida”
Es abogado y político, aspirante a diputado por el Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD) para 2010


Escrito por: CAROLIN GUZMAN (mailto:c.guzman@hoy.com.do)


Sus plenos 29 años de edad le han permitido vislumbrar la vida de una forma realista. Y es que Luis Miguel De Camps García está consciente de que a través de la integración y participación como dominicanos es que se puede edificar nuestra nación.


Este joven prominente y de ideas claras, hace ya un tiempo que tomó la decisión de servir a su país a través de la política, por eso actualmente realiza contacto con distintas organizaciones para promover su candidatura como diputado para las elecciones de mayo de 2010 por el Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD).


Sobre su vida política y familiar, además de su gusto por la música, herencia de su madre, la versátil artista Cecilia García, conversamos con Luis Miguel De Camps García, hijo del reconocido político Hatuey De Camps.


Con una simpática sonrisa nos recibió en su oficina de abogados DC & V (De Camps. Vásquez. Valera) que fundó junto a sus colegas Amauris Vásquez y Miguel Valera, hace cuatro años.


Para Luis Miguel De Camps la política es sinónimo de servicio. “Yo creo que la política es una actividad muy incomprendida porque como ciudadanos comunes vemos que los políticos y la política son esto y aquello, lamentablemente no se puede decir que no se tenga cierta razón, porque la realidad nos ha indicado que hemos sufrido como dominicanos, pero digo que es incomprendida porque la política como debe ser es una actividad de servicio, así como la medicina, que requiere una vocación de servicio; igualmente el que se dedica a la política debe hacerlo porque tiene algún tipo de interés de aporte y, por lo tanto, una vocación de servicio. A pesar de eso, muchos ejemplos que vemos prefieren o tienen vocación de servir-se”.


Luis Miguel entiende que se debería cambiar el concepto de funcionario público por el de servidor público. “Es una responsabilidad de todos entenderlo primero y luego tomar la decisión de que no hay forma de solución si no me incluyo yo, o sea todos nosotros, en la participación política”.


Mensaje de su campaña como diputado.


“Parte del mensaje que quiero llevar es que no existe mejor forma de saber nuestro destino que construyéndolo, no debemos limitarnos a reclamar soluciones sin incluirnos nosotros en esos procesos, debemos entender que como dominicanos tenemos dentro de cada uno las respuestas a nuestros problemas. La otra gran parte del mensaje es que una vez tomada la decisión de participar, porque es la única forma de romper con ese circulo vicioso, se debe apoyar todo proceso que busque institucionalizar las labores del Estado, comenzando por la institución o proceso de mejoría del sistema educativo. Todos los problemas nacionales y, si no todos, más del 95 por ciento, tienen su raíz en los problemas de educación, y es a través de la calidad en la educación que podremos decir que hay desarrollo humano, y luego entonces podremos decir que habrá desarrollo económico”.


Su familia es su soporte


“He sido bendecido por una gran familia, aunque mis padres son divorciados y algunos ven eso como una lástima, afortunadamente ambos tienen su familia, y me han proporcionado extensiones a mi familia, una familia muy, muy grande que siempre me ha apoyado en todo lo que me he propuesto, aunque si entienden que el camino es erróneo, me lo hacen saber de inmediato”.


El protagonista


Luis Miguel De Camps García
Nació el 17 de noviembre de 1979


Graduado en Derecho en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM ). Posteriormente realizó estudios de maestría en Georgetown University, en Washington D.C., Estados Unidos (LL.M., Master of Laws), y postgrado en Harvard University, Massachussets, Estados Unidos. Está casado con Marisela Tió, desde hace poco más de dos años.

miércoles, 5 de agosto de 2009

OPINIONES DEL LIDER. NO a la DISCRIMINACION

31 Julio 2009, 2:58 PM


Pide no discriminar por orientación sexo
Aspirante a diputado se reúne con homosexuales
Escrito por: José Rafael Sosa (Joserafael.sosa@gmail.com)

El candidato a diputado para la Circunscripción número uno del Distrito Nacional por el Partido Revolucionario Social Demócrata consideró que la ley no debe discriminar a ninguna persona en razón de su orientación o identidad sexual.


El licenciado Luis Miguel De Camps se reunió con dirigentes y coordinadores de la comunidad gay dominicana en el local de Amigos Siempre Amigos, del sector de Gazcue, donde escuchó las aspiraciones del sector.


De Camps García indicó que los legisladores deben ser expresión de todos los sectores y procurar que ninguno sufra discriminación, intolerancia, rechazo o negativa de oportunidades para su realización.


El profesor Deybis Ventura, coordinador de la Red de Voluntarios de Amigos Siempre Amigos, relató la experiencia vivida ante la Cámara de Diputados y el artículo 28 de la nueva Constitución de la República, en que se establecía en general el derecho a la no discriminación.


“Nosotros, al ver que el artículo era general, entregamos una comunicación para que se estableciera la no discriminación, tanto a nosotros los gays como a las personas envejecientes, las que tienen antecedentes judiciales, a quienes padecen discapacidades físicas, sensoriales o mentales, a quienes tienen problemas crónicos de salud y resulta que los señores diputados acogieron a todos los sectores que recomendábamos, menos a nosotros los gays”, afirmó Ventura.


El candidato a diputado por el PRSD dijo que la sociedad tiene que educarse ante las formas de intolerancia y discrimen con que se ha formado a las presentes generaciones.

http://www.elnacional.com.do/nacional/2009/7/31/22754/Pide-no-discriminar-por-orientacion-sexo