viernes, 12 de octubre de 2012

Inocencia Interrumpida

Antes, durante y después de las elecciones de 2012, escuchamos y leímos a expertos predecir el resultado del desastroso e irresponsable manejo de los dineros del pueblo del gobierno que Leonel Fernández presidió. Los números volaron a diestra y siniestra, sin embargo, la supuesta realidad descrita por la actual administración supera las predicciones de los más tenaces opositores. Ganándole a las más catastróficas profecías.
 
Los números ofrecidos ahora constituyen una confesión de lo que olímpicamente negaban hace apenas unos días. Pero ahora los usan para forjar las excusas para medidas mal encaminadas.
 
Sin mayores muestras de decoro, sin asumir responsabilidad, y hablando de tímidos y supuestos recortes en los gastos públicos, el gobierno de Medina pretende imponer otro parche fiscal. Uno más de los que se han convertido la marca por excelencia del PLD. Pretenden encubrir los desastres, dilapidaciones y robos realizados en sus gestiones, pasándole la cuenta a la población.
 
El breve optimismo creado por el Presidente Medina al juramentarse, seguido por algunas tímidas medidas de austeridad, hoy se comienza a desenmascarar como maniobras publicitarias para ganar credibilidad antes de introducir por la fuerza este nuevo paquetazo.
 
El espectáculo ha durado muy poco, la palabreada austeridad no ha impedido seguir nombrando funcionarios. La presión tributaria cae como un telón de ladrillos para seguir beneficiando impune los bolsillos ensalmados del peledeísmo.
 
Ante esta nueva embestida cruel sobre la población, originada por la depravada ambición de poder y alimentada por la necesidad de apañar y proteger a los verdaderos autores del desfalco nacional, la indignación del pueblo comienza a pronunciarse. Estas expresiones populares son buenas señales, pues reclaman responsabilidad del gobierno antes de seguir reduciendo aun más la ya paupérrima calidad de vida de los dominicanos, para enriquecer y proteger a unos cuantos.
 
Tendríamos mayor optimismo si estas voces reclamantes fueran capaces de unirse y convertirse en un verdadero obstáculo para esta nueva violación a la dignidad nacional. Sin embargo, con una oposición congresional comprometida por dadivas, barriles, clientelismo y demás degeneraciones socio-políticas, lo mas probable que en vez de constituirse en barrera o protección del pueblo, el congreso sirva de lubricante para seguir preñando al país de miseria y degradantes controles sobre la vida de los dominicanos.
 
Si de verdad queremos que no se repita el cuento; que no se reedite cada vez que las arcas personales de algunos funcionarios necesiten airearse, debemos expresarnos y actuar. Debemos sacrificar nuestro tiempo y ser entes políticos dispuestos a construir una nueva mayoría que dirija el adecentamiento de la administración pública. Debemos romper definitivamente con este proceder que no cesa de humillarnos repetidamente. Actuemos juntos para evitar que nos sigan violando. La bola esta en nuestra cancha.

viernes, 5 de octubre de 2012

411


La sociedad dominicana sube y baja  de ánimo en la esperanza de que los gobernantes tomen en serio el combate contra la corrupción. Hasta ahora baja más que sube. Hoy, luego de vivir resignados a la impunidad de desfalcadores fomentados durante años por los gobernantes de turno, surgen señales que nos incitan a un cauteloso despertar del optimismo.

El toque de campana que inicia  esta nueva carrera de sube y baja de la esperanza, lo ha dado el Procurador General de la República,  pero lo cierto es que la responsabilidad final recaerá sobre el Presidente de la República. No quiero alimentar la cultura paternalista  endilgándole  todo lo bueno y  lo malo a quien ocupe la presidencia, sin embargo, es precisamente esa la cultura impera en nuestro país. Es el Presidente de la República quien, querámoslo o no, tiene la última palabra al respecto. Me explico.

Es verdad que el Presidente ya no designa unilateralmente a los jueces; también es cierto que el Presidente no puede designar ni remover a  todos los miembros del Ministerio Público. Y es también innegable  que los actuales jueces  de la Suprema Corte de Justicia, quienes tendrán que conocer sobre el/los apoderamiento(s) que haga el Procurador, no fueron designados por el Presidente Medina.

A pesar de todo lo anterior, no  es menos cierto  que el Presidente tiene la potestad constitucional de designar y/o remover al Procurador General de la República.   Además, históricamente los presidentes han  usado el poder político  para, con o sin rastros, hacer desaparecer procesos que persiguen a los culpables de corrupción pública administrativa. 

Para lograr grandes hazañas, siempre  se requiere un gran esfuerzo. Los peloteros, por ejemplo, deben entrenar arduamente y emplearse a fondo cuando quieren batear un home run. Ahora se nos presenta un bateador que parece querer sacar la pelota  del parque, pero  mira a su manager para ver si este le indica lo contrario. Aunque parezca ridículo escribir sobre lo que debe ser, en nuestra sociedad a veces lo ridículo es lo cotidiano.  

La gran hazaña del Presidente Medina consistirá en emplearse a fondo para no hacer ninguna señal al bateador y dejar que este haga su trabajo. Si eso ocurre, no importa la determinación del tribunal, será el Presidente quien la habrá botado por los 411 del estadio político institucional dominicano, y solo entonces puede que artículos de opinión como este, que simplemente piden que se respeten las leyes, sean verdaderamente ridículos. Ojalá.

viernes, 21 de septiembre de 2012

La Unión Europea resistirá

Ante el estallido de nuevos problemas económicos en la Unión Europea (“UE”), no cesan las voces que anuncian la “inevitable separación” de dichas naciones. Sin embargo, contrario a la lógica de esos observadores, la UE se fortalecerá y saldrá de la crisis más unida y con mejores sistemas financieros. No es una opinión surgida del optimismo, sino de experiencias históricas similares. El ejemplo Hamiltoniano, exitoso experimento de los primeros días de la vida republicana estadounidense, será el desenlace necesario al que llegará la UE luego de cruzar el duro trance en que se encuentra.

Oriundo de la pequeña isla caribeña de Saint Croix, Alexander Hamilton logró superar su condición de orfandad e infortunio para convertirse en aide de camp de George Washington, combatiente en el proceso revolucionario de los EEUU y llegar a ser el primer Secretario del Tesoro de dicho país. Desde allí, y a pesar de la férrea oposición del ilustre Thomas Jefferson, Hamilton implementó las primeras medidas monetarias que resultaron con la creación del dólar y el sentimiento de pertenencia y comunidad entre los primeros trece Estados de la unión americana.

Luego de la revolución independentista, las arcas estaduales estaban agotadas. La posibilidad de crear impuestos que se le aplicasen uniformemente a todos los Estados miembros de la novel unión era una quimera. El sentimiento de unificación, que inspiró las trece colonias para llevar a cabo un frente independentista conjunto, se erosionaba con rapidez por los aprestos de recaudación del nuevo gobierno centralizado que encabezaba Washington.

Las notas de guerra, que habían sido utilizadas para recaudar fondos en las diferentes colonias a los fines de patrocinar el armamentismo de liberación, eran tantas y tan disímiles (emisiones de entidades privadas) que además de fomentar la confusión y posibilitar el fraude a través de las falsificaciones, mantenía totalmente ocupados a las nuevas instituciones financieras.

La solución de Hamilton, consistió en comprar dichas notas a cambio de mejores condiciones de rendición. Para ello el nuevo Estado americano asumió los primeros préstamos internacionales, ratificando así, no solo la condición de nación ante la comunidad internacional, sino además, y tal vez más importante, forzando la reestructuración del sentimiento nacionalista centralizado de tipo federal.
Guardando las diferencias de tiempo y sofisticación, luego de la guerra financiera internacional, de la explosión de las burbujas especulativas de 2008; y los combates económicos helénicos, itálicos e ibéricos, la situación económica europea sabotea el proyecto de unión que tantos años llevó construir. Sin embargo, si el plan “Hamiltoniano” delineado por el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, es puesto en ejecución, la salida de la crisis y el reforzamiento de los lazos que mantienen las naciones de la Unión Europa serán las conclusiones obligadas; incluso hasta llegar a los albores de la Confederación; independientemente de que sea ese un tema a debatir en otro momento.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Entretenimiento Noticioso


Los dominicanos somos fogosos; para unos esto es una cualidad, para otros es un defecto. Independientemente de la valoración que se le pretenda dar a esta característica, el apasionarnos es parte de nuestra identidad cultural. Esto es fácilmente verificable por cualquier extranjero que toca nuestras tierras por vez primera. Al interactuar con uno de nuestros compatriotas notan  enseguida esa  emotividad. En sentido general, llevamos nuestras emociones en las mangas y conjuntamente con ellas nuestras preferencias.

Esta particular característica muchas veces no respeta fronteras, y nos lleva a  romper   protocolo y  ética invariablemente. Las primeras muchas veces no pasan de un momento bochornoso, pero las segundas trascienden a efectos sociales nocivos.

Siempre he creído que la politización de la sociedad dominicana, además de obedecer a las necesidades económicas que afecta a nuestro país desde sus inicios, a la ausencia de oportunidades para la movilización social positiva, al fomento del paternalismo a través del clientelismo, a la conciencia social de muchos y a la vocación de servicio de otros, obedece también a la referida característica de apasionamiento de nuestro pueblo. Por eso, muchas veces los procesos políticos dominicanos, principalmente los  electorales, dan muestras de radicalizaciones inexplicables en donde  razonamientos y  comprobaciones  no tienen cabida.

Ahora bien, cuando se tiene la responsabilidad de comunicar a la población  procesos y hechos económicos, sociales, políticos, o de cualquier índole, se tiene al mismo tiempo la obligación de entregar dichos datos de manera objetiva. Las opiniones de los comunicadores deben ser identificadas como tal y no vertidas como parte de la información brindada. Por eso, se hace necesario ratificar la separación entre  lo que es  noticia y lo que es entretenimiento.

Ciertamente, los comunicadores   tienen la responsabilidad de no traspasar esa barrera ética y de no mezclar las opiniones con las informaciones,  alejándose del apasionamiento político y económico. También es deber de los que recibimos las noticias de verlas críticamente; distinguir entre  la información y  el  entretenimiento. Ante  el predominio del entretenimiento noticioso, es una  visión crítica lo que nos permitirá discernir entre  intereses enmascarados y los hechos  verdaderos. Identificando así la diferencia entre lo que quisieran que pensáramos de lo que en realidad pensamos.

sábado, 24 de julio de 2010

¿Poder de la soberanía o soberanía del poder?


Los que vivimos en una sociedad con conceptos occidentales de lo que es una República Democrática, entendemos, culturalmente hablando, que la soberanía proviene del pueblo, y que dicha soberanía es delegada por elecciones democráticas y que los designados para llevar a cabo la voluntad popular asumen legítimamente sus posiciones por dicha delegación. Si la soberanía es el poder de decisión que tienen los pueblos, poder que no tiene ningún otro como supremo al mismo, entonces los pueblos son los supremos decidores de su presente y su futuro, al menos en teoría.

Asumiendo que lo anterior es cierto, es de suma importancia determinar cómo es esa soberanía ejercida, ya que la razón de ser de la soberanía no es otra que la de lograr satisfacer las necesidades de su originador, es decir, satisfacer las necesidades del pueblo. Para el ejercicio de la soberanía, el actor principal difícilmente puede considerarse que sea el pueblo en su conjunto, porque si bien es cierto es donde esta reside, no existe en una sociedad compleja una manera identificada en la que pueda toda la sociedad actuar al unísono constantemente en el ejercicio de la misma. De ahí la salida buscada en la delegación de poderes de esta para que sea un conjunto de personas, entre las que se encuentran el Congreso Nacional y el Presidente de la República, que se encarguen de las ejecutorias cotidianas requeridas por la soberanía. Convirtiéndose estos en mandatarios del soberano.

Aunque la soberanía per se no se delega, sino la autorización necesaria para cumplir los deseos de esta, ante dicha delegación nos encontramos frente al peligro de un desenfreno en la ejecución de esa autoridad delegada, donde, en ausencia de controles y balances auténticos y efectivos, el detentador de dicho poder delegado se convierte en el actor soberano mismo, en vez de ser un representante del pueblo soberano. Es en este punto donde el ejercicio realista del poder convierte en difusa la línea que separa la delegación de las ejecutorias de los deseos del soberano (el pueblo) y la soberanía del poder ejecutivo, convirtiéndose entonces este último en soberano actuante disfrazado de representante de la población.

De lo anterior se colige que para que en realidad exista una relación legitima entre el pueblo soberano y los que se encargan de ejecutar su voluntad, deben existir ciertas condiciones imprescindibles como son: (i) procesos electorales totalmente transparentes, diáfanos y exentos de presiones de poder sobre la voluntad de los ciudadanos y (ii) controles y balances efectivos que al mismo tiempo en que señalan cuales son los poderes delegados por el pueblo soberano, delimitan la acción de dicho poder, dejando ciertos poderes sin delegar y conservándolos en las manos de la población. Con estas especificaciones y delimitaciones, toda acción de los poderes constituidos que transgredan dichos limites, estarían en contradicción con los designios del soberano, por lo que su invalidación y sanción serían de lugar.

En otras palabras, para que el poder de acción sobre los intereses de la soberanía sea delegado legítimamente por el pueblo en un sistema democrático, debe haber elecciones transparentes y libres de presiones directas, cuyos funcionarios electos se enmarquen dentro de una Constitución y leyes adjetivas que además de establecer sus funciones, responsabilidades y limites, el cumplimiento de las mismas sea la garantía de auto sustentación estructural, mediante la penalización a sus transgresiones.

Es por esto que se debe considerar al entramado Constitucional-legal de una nación, no como un conjunto de letras vertidas en moribundos papeles que tienen poco o ningún efecto real en las ejecutorias cotidianas del quehacer socio-político, como lamentablemente se actúa y considerada actualmente en nuestro país. Sino más bien como la acción soberana misma del pueblo; en donde la violación a dichos preceptos, designios y deseos es la más clara afrenta a la voluntad popular y con ello a la estructura de Estado que este ha decidido establecer. El respeto absoluto por el cumplimiento de una Constitución de la República surgida de una designación directa de la voluntad popular prístinamente respetada, es la única garantía para mantener una estructura de Estado que se considere democrática.

Ahora bien, en una sociedad donde los procesos electorales adolezcan de “irregularidades” lo suficientemente graves como para cambiar el resultado de una elección; donde la voluntad popular sea presionada directamente por fuerzas obligando a cambiar la decisión del voto o simplemente a no ejercer su obligación participativa en democracia; difícilmente se pueda considerar ese proceso de construcción Estatal como un proceso desde abajo hacia arriba. Si, además de lo antes dicho, es una sociedad en donde el sistema Constitucional y de leyes adjetivas no producen ningún tipo de penalización ejemplificadora ni si quiera contra aquellos que hasta públicamente la transgreden, entonces no es una sociedad determinada ni limitada por su Constitución, es decir no es una sociedad donde la soberanía del pueblo sea la base de las acciones de sus delegados.

En un sistema verdaderamente democrático, en vista de que la soberanía surge de la población, la construcción del Estado debe ser realizada desde abajo hacia arriba. En este esquema de construcción, el pueblo funge como la base o zapata sobre la cual se erige la edificación Estatal que comprende la estructura de acción y ejecución de los deseos y voluntades del soberano. Es decir, se apoya en el pueblo, para cumplir los deseos del pueblo, siendo el Estado un instrumentum de la población. En cambio en un Estado donde la población sirve únicamente de apoyo justificativo discursivo, donde las ejecutorias del entramado Estatal no surgen para satisfacer las necesidades populares y por lo tanto sus detentadores no son producto de las designaciones del pueblo, se habla de una construcción Estatal de arriba hacia abajo, en donde, el verdadero soberano deja de ser el pueblo y es el detentador del poder mismo, el jefe de dicha estructura. En estos casos no se puede hablar de democracia como forma organizacional y de actuación del Estado, sino más bien de autocracia.

Es importante revisar el caso dominicano, y verificar cuales son las realidades existentes para poder determinar la realidad político-social de nuestro país. Como mencionamos anteriormente, los procesos de delegación del poder de soberanía y de rectificación de conductas en violación a la voluntad de la misma deben ser los primeros puntos a revisar en la evaluación político-social dominicana, ya que de esta manera se podrá entender si la construcción estatal es realizada de abajo hacia arriba y si las acciones del poder Estatal se encaminan al franco beneficio de la población, es decir si existe democracia.

Respecto al sistema de delegación de los poderes de acción de soberanía, podemos ver que en nuestro país las elecciones aún adolecen de irregularidades graves, por un lado la voluntad electoral es presionada a priori, ya sea para cambiar su elección o para que simplemente no se ejerza el deber de voto. Estas presiones indebidas no se refieren a las campañas publicitarias de promoción de candidaturas, sino más bien a la utilización de los recursos públicos para la compra de voluntades, la extorsión de supresión de medios de vida mediante amenazas de despidos de empleos públicos, el fomento del clientelismo en el fragor de la contienda política, por mencionar algunas. Todas estas son presiones indebidas y constituyen doble violación soberana, puesto que su origen es la corrupción y su efecto es la alienación de la voluntad popular.

Igualmente, respecto de la necesidad de ejemplificar con la penalización de actos ilegales se refiere, en la República Dominicana no existe el más mínimo esfuerzo sincero y serio en apresar a los violadores de la Constitución y las leyes. Las persecuciones en la comisión de crímenes se concentras en casos donde los autores no tienen respaldo gubernamental, obviando por completo en la supuesta lucha contra la criminalidad los actos de corrupción pública administrativa, los cuales desde el punto de vista de organización Estatal, son los más graves, ya que son los que pueden determinar y afectar el sistema de estructuración Estatal mismo.

En resumidas cuentas en la República Dominicana el supuesto soberano, que debe ser el pueblo, no es el que designa a sus delegados; ni es su voluntad, la de la búsqueda de soluciones de la sociedad, respetada en las ejecutorias de los detentadores del usurpado poder disfrazado de soberanía delegada.

¿Se podría decir entonces que el sistema de construcción Estatal en nuestro país no se realiza desde abajo hacia arriba, sino desde arriba hacia abajo? ¿Podríamos entender nuestro sistema no como una democracia sino más bien como una autocracia? Y si es así, entonces ¿podríamos considerar que la falta de claridad de que esta sea nuestra realidad se debe, al menos en parte, a la imposición de un disfraz mediático con recursos económicos públicos por parte de los detentadores del poder acompañado de un fomento de las precariedades en la población?

Si lo anteriormente expuesto refleja la realidad dominicana, el abandono de la esperanza acompañada de la lucha por adecentar nuestro entorno y por construir un verdadero sistema democrático de Estado de Derecho no es la solución. Por el contrario, la solución sigue residiendo en la férrea voluntad y decisión de participar activamente en los procesos políticos y sociales de nuestro país, convirtiéndonos en actores principales y no solo críticos disfuncionales de nuestras penas e inequidades sociales. Sigamos avanzando en la construcción de alternativas francamente diferentes que puedan conducir al Estado con el concepto social del mismo pero no limosnero, con un criterio de equidad en la distribución de las riquezas, y con la principal tarea de nivelar los espacios de acción social para que sean las capacidades de los individuos las que delimiten sus logros en vez de las precariedades e imposibilidades materiales en que vive nuestra población las que impongan los limites de desarrollo humano.

Lo difícil no es lograrlo, lo responsable es hacerlo. Atrevámonos a servir a nuestro país.

Por:

Luis Miguel De Camps García

Imagen Sustraída de la revista Fusion. www.revistafusion.com. Marzo 2008

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Despolitización de la educación




El camino seguro al desarrollo nacional es el de la educación de calidad para todos. La educación es la liberación de la mente que se encuentra en la miseria de la ignorancia, liberación con la que desaparecen los límites impuestos por la sociedad y por las precariedades materiales. Lo tristemente curioso consiste en que aunque sabemos esta verdad incontrovertida, nuestro país en el día de hoy se encuentra en los últimos lugares de calidad educativa. Nuestros estudiantes saben menos gramática y matemáticas que casi todos los países del continente.

El sistema educativo dominicano sufre de una centralización atrofiada que hiere cualquier esfuerzo por mejorar la educación nacional. Esta centralización disfuncional no ha sido resuelta porque desmontarla significaría tumbar de un solo golpe una estructura politiquera que sirve de apoyo al gobernante de turno. No es un problema de nuestros secretarios de educación, los cuales han sido a grandes rasgos mujeres y hombres con conocimiento de la materia y con algún indicio de vocación de servicio. El problema es más que ellos, es estructural.

Para romper esta paralización del desarrollo intelectual de los dominicanos, que sólo produce más pobreza, miseria y desesperanza; y por tanto corrupción y criminalidad, debemos dar un golpe de efecto mediante la apertura a la participación de toda la sociedad en el esfuerzo educativo. Hemos visto como los planteles públicos dirigidos por organizaciones sin fines de lucro, han podido superar la calidad del estudiante con la misma asignación de fondos públicos. Esto se debe en parte a que en dichos planteles influye mucho menos la politiquería y cuando un profesor no cumple adecuadamente su obligación no puede seguir impartiendo clases, independientemente de su tendencia partidista. Debemos darle seguridad a esas y nuevas entidades, para que cumpliendo requisitos, continúen dedicándose a la enseñanza sin temor que ministro alguno le “desplace” en la dirección de dicho plantel.

Debemos facilitar al sector privado la instalación y operación de colegios, con exenciones fiscales y participación corporativa del área, logrando así centros privados de educación de la más alta calidad al más bajo costo y por lo tanto de amplio acceso social.

Para asegurar el mejoramiento de la calidad de los maestros, debemos implementar un sistema de bonificación por desempeño. En donde maestros cuyos estudiantes resulten con notas sobresalientes en exámenes estandarizados, sean compensados con beneficios económicos, ya que habrán demostrado haberse preocupado por trabajar en su propia preparación aprovechando los cursos facilitados por el Estado.

Creo que iniciativas como ésas, las cuales siempre pueden ser mejoradas, producirían un vuelco de sectores que quieren hoy aportar y no saben cómo, aumentando exponencialmente la presencia de centros educativos de calidad, a la vez que logra resolver problemas administrativos a la cartera de educación del Estado.

Si queremos tener un país desarrollado, debemos apostar a la gente e invertir en ella. Invirtiendo en la verdadera materia prima dominicana, su gente, podremos producir bienes y servicios para sobrevivir y exportar. Evitemos que la politiquería mantenga rehenes a nuestros niños, decidamos brindarles la educación que necesitamos.
Luis Miguel De Camps