viernes, 29 de mayo de 2009

NUEVA GENERACIÓN DEMOCRÁTICA... QUIÉNES SOMOS?


Quiénes somos?

Somos un grupo de mujeres y hombres de la República Dominicana que nos entendemos responsables de nuestro propio destino, tanto como individuos y como nación. Entendemos que si no participamos en política, los espacios de decisión del Estado serán ocupados por las mismas personas que han llevado a nuestro país a la crisis moral, política y económica donde se encuentra actualmente.

Estamos conscientes que fuimos nosotros mismos, que por acción o por inacción, interés o desidia, los que elegimos los funcionarios que hoy desgobiernan nuestro país.

Queremos progresar como nación y que nuestra generación les deje a la próxima un mejor país. Para eso tenemos que participar, accionar, y trabajar con el objetivo de que la República Dominicana cuente con una mejor educación, con una mejor salud, con una mejor justicia, y con una distribución de riquezas más equitativa.

Debemos comprender que se construye construyendo, se trabaja trabajando y se es buen dominicano tomando las riendas de nuestro propio destino. Siendo protagonistas de nuestras propias vidas y dirigiendo a la nación, con nuestro compromiso, hacia el desarrollo que deseamos.

Queremos romper con la pasividad y la inercia que ha caracterizado nuestro país en los últimos tiempos, para permitir a los buenos dominicanos y dominicanas ser los protagonistas de un proceso de desarrollo, crecimiento, y creación de oportunidades que la participación de todos deberá necesariamente producir.

En ese sentido, estamos haciendo un llamado a una generación de relevo. ¡ES HORA DE DESPERTAR!

Por lo que nuestro proyecto les extiende una invitación a formar parte de la solución. Quienes tengan inclinación a asumir posiciones de liderazgo, que la tomen ya, ahora.

De igual forma este llamado se dirige a todos aquellos ciudadanos que saben que su voto es un arma, y que a través de ella pueden luchar contra la apatía, para así ayudar a construir la nación que deseamos.

El éxito viene de las buenas decisiones. La democracia que mal que bien disfrutamos es un privilegio que hemos heredado por el sudor, la sangre y el sacrificio de las generaciones que nos precedieron. ¿Qué decisiones tomaremos nosotros (esta generación de relevo) para lograr que esa democracia se convierta realmente en una institución que proteja los mejores intereses de nuestro país, y de la cual podamos sentirnos orgullosos?

La respuesta a esa pregunta debe ser nuestra misión.

Por: NUEVA GENERACIÓN DEMOCRÁTICA

domingo, 17 de mayo de 2009

QUIÉN ES LUIS MIGUEL DE CAMPS?



Luis Miguel De Camps García

Hijo del reconocido político Hatuey De Camps y la popular artista Cecilia García,nació en la ciudad de Santo Domingo, República Dominicana. Terminados su estudios secundarios en el colegio Calasanz, se matriculó en la carrera de ciencias juridícas en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, (PUCMM – Santo Domingo) recibiendo el título de Licenciado en Derecho con honores académicos. Realizó estudios de maestría en Georgetown University en Washington D.C., Estados Unidos (LL.M., Master of Laws), con especialización en Derecho de Negocios; y estudios de postgrado en Harvard University, Massachussets, Estados Unidos, enfocado en Negociación y Resolución de Conflictos.

Laboró en Nueva York como abogado internacional en la firma Fox Horan & Camerini LLP, donde se especializó en estructuras corporativas, regulaciones financieras estadounidenses e internacionales, planificación de patrimonio, elaboración e implementación de esquemas impositivos relacionados a transacciones internacionales, regulaciones migratorias y asuntos de propiedad intelectual en general.

Adicionalmente, es profesor de derecho en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, y miembro del cuerpo de árbitros del Consejo de Conciliación y Arbitraje de la Cámara de Comercio y Producción del Distrito Nacional.


jueves, 30 de abril de 2009

Por un Ascenso Social Digno



La tarea de todo gobierno, como mandatario de la población, es asegurar el bien común, y lograr la solución o mejoramiento de los problemas que aquejan a la sociedad. Por la naturaleza del comportamiento social humano, la solución de estos problemas debe traer consigo el ascenso en la escalera social y económica de los ciudadanos. Es decir que la labor de los gobiernos es la de asegurar el ambiente idóneo para el asenso socio-económico de sus pobladores, mediante las formulas y medidas que se ajusten a las realidades de cada país.

La República Dominicana está aquejada de una cantidad considerable y reconocida de problemas. Estos son de muchas y variadas naturalezas. Lo más sorprendente de todo no es la existencia de los problemas nacionales sino la antigüedad de los mismos. ¿Cómo es posible que leer los titulares de los periódicos de hoy en día es como leer los de hace 10, 20, 30 y hasta 40 años atrás? Este hecho, por sí mismo, basta para demostrar que los gobiernos dominicanos no han satisfecho su cometido, incumpliendo en sus obligaciones y estancando la esperanza del desarrollo nacional.

Es que este desarrollo nacional, al que todos aspiramos, no se trata sólo de construcciones bien hechas y mantenidas, o sólo de proyectos suntuosos. Se trata de lograr dotar a la gente de las herramientas necesarias para que ellas mismas puedan encontrar sus propios caminos de desarrollo dentro de una sociedad que funcione bajo los cánones del respeto y el cumplimiento a las leyes. Nadie discute que las inversiones en infraestructura son necesarias; lo que se puede discutir en un momento dado son las prioridades de ciertos proyectos de infraestructura en especifico. Pero, ¿dónde está la inversión constante y continua en el ser humano, en el ciudadano, la que debe servir de contrapartida a las de infraestructura?

Se construyen y equipan hospitales, pero luego desaparecen los equipos y materiales. Se suspende el mantenimiento y en poco tiempo hay que reconstruir. No se sabe si aparecerán nuevamente los equipos “desaparecidos” pero, peor aún, no se conoce ni se persigue a los autores de dichas “desapariciones”. Se construyen y equipan escuelas, pero se niega el presupuesto mínimamente necesario para que el estudiante graduando tenga los conocimientos para ser competitivo en el mercado globalizado. Y, ¿cómo podría ser, si el promedio de horas de clases ronda las 2 horas y media diarias, esto sin hablar de calidad?

Sí, ciertamente nuestro país requiere obras en infraestructura para mantener el soporte de servicios que necesita nuestra creciente población. Pero también necesita inversiones en el ser humano, no como programas sociales de asistencia, los cuales, aunque aplacan los gritos desamparados, también alimentan la adicción paternalista creada por el clientelismo político. Necesitamos una inversión en la población que sea auto-sostenida, que identifique las metas a mediano plazo como garantías de su cumplimiento. Sólo así podremos lograr el empoderamiento de la población para que, dentro de ese contexto, por los esfuerzos individuales la población logre materializar sus aspiraciones, desprendiéndose de la mendicidad electorera y alzando la conciencia de orgullo personal y nacional.

Luis Miguel De Camps García

sábado, 25 de abril de 2009

Distribución del poder, ¿solución o espejismo?


Lo aceptemos o no, en nuestro país se evidencia un creciente descrédito de las instituciones políticas. Aunque las razones pueden ser muchas y las respuestas hasta contradictorias, el hecho de que diferentes partidos hayan asumido el control de Estado y hayan fallado - en algunos casos miserablemente - en resolver los problemas nacionales, o siquiera establecer claras rutas de solución a los viejos y nuevos problemas aunque la misma sea plazos, ha creado en la población una desconfianza generalizada en la mayoría de los actores de la vida política nacional. El peligro radica, al menos parcialmente, en que dicho descrédito y la consiguiente desconfianza, continúen in-crescendo, se transformen luego en ira, y no se limiten ya a los actores de la vida política nacional, sino al sistema democrático mismo.

Mientras aumenta el descrito, el cual es un proceso alimentado por la inanición de la población, la falta de servicios básicos y la insinceridad discursiva, nuevos partidos políticos y movimientos populares se organizan y crean brazos de acción política que se convierten en alternativas de cambio que no tienen nada que perder y todo que ganar, puesto que se convierten en auténticos interlocutores de las necesidades de los ciudadanos, mientras las entidades políticas detentadoras del poder estatal tienen todo que perder, en vista de que, por su afán de acaparar absolutamente los poderes gubernamentales, se distancian de los reclamos de reivindicación popular y emplean más frecuente y abiertamente acciones humillantes para con sus supuestos “beneficiarios”, como por ejemplo las nominillas.

A propósito de convocatorias a diálogos nacionales y/o cumbres o foros de entendimiento, en las que nuestro país ha participado en los últimos meses, hacemos la presente reflexión en base al entendido de que dichos llamados de participación están impregnados de buena voluntad política y compromiso de cumplir sus conclusiones. Indefectiblemente, el cabal cumplimiento de las propuestas arrojadas por estos conversatorios, tendrá que ser sustentado en contratos sociales, los cuales sólo podrán ser duraderos y efectivos si se hace una redistribución del poder en la República Dominicana.

Mediante esta redistribución del poder político, las medidas facialmente loables, como las cumbres, pueden ser una solución a la creciente descomposición política dominicana. Si se logra una amplia participación de grupos de distintos orígenes político-filosóficos en los estamentos de poder, ésta deberá apoyarse en el compromiso con el pueblo y no en prebendas, y puede armarse un verdadero programa de desarrollo nacional versus los programas de desarrollo individual vigentes en la actualidad. La sinceridad de la motivación está en la decisión de una sola persona, quien nos dará la respuesta. ¿Seguiremos jugando a las divisiones para controlar absolutamente el poder, o entenderemos que con el pluralismo honrado ganamos todos?

Luis Miguel De Camps García

martes, 21 de abril de 2009

Ruta al desarrollo económico



Como un péndulo, así oscilan muchas posiciones e intereses humanos, y así mismo oscilan las posturas gubernamentales sobre qué medidas adoptar para encaminar la nación a un franco desarrollo. No es posible un desarrollo sin un plan trazado firme y consensuado, tomando en consideración los problemas actuales y los posibles problemas futuros; pero por el otro lado, vemos como dicho plan es destrozado momentáneamente cuando el péndulo regresa, y las posturas económicas de desarrollo adoptadas son revertidas y demonizadas.

Las políticas económicas más populares varían según las condiciones y situaciones mundiales. Hubo un momento histórico en el que las posturas radicalmente opuestas de capitalismo y comunismo forcejeaban por el dominio político mundial. Igualmente, dentro del capitalismo mismo, existieron y existen varios sub-mundos de luchas sobre cuáles medidas adoptar, qué otras mejorar y en qué dirección encaminar los esfuerzos más puntuales. Dentro de esta última categoría de enfrentamientos ideológicos, se ha podido ver cómo, desde finales de la década de los 70, hubo un constante empuje para promover la desregulación y apertura cuasi-incondicional de los mercados e industrias.

Hace aproximadamente diez años, nuestro país se vio inmerso en un profundo proceso de privatizaciones y aperturas de mercado que nunca habíamos experimentado. Pocos años después, algunas de esas privatizaciones fueron estatizadas, regresando, al menos parcialmente, al modelo anterior. Pero más aun, en el año 2008 vimos cómo el mismo gobierno que programó y aplicó el proceso de privatización en la República Dominicana, organizó conferencias y apadrinó reuniones con expositores de pública y manifiesta oposición a las privatizaciones.

¿Acaso proponemos seguir con medidas económicas que han demostrado ser erróneas, inoperantes y/o contraproducentes? Claro que no. Errar es de humanos. Pero al ratificar errores pasados, debemos reconocerlos y admitirlos con humildad, para entonces así, desde una perspectiva más sincera, proponer las transformaciones que se entiendan necesarios. Las oscilaciones y cambios de posturas económicas seguirán produciéndose; sin embargo, tomar medidas equilibradas permitirá que, cuando el péndulo económico-histórico se devuelva, los daños sean menores y apenas con ajustes mínimos se pueda reencauzar el interrumpido camino al desarrollo nacional.

Luis Miguel De Camps García

domingo, 19 de abril de 2009

Figura transformacional


El 4 de noviembre de 2008 Barack Obama logró la victoria electoral en Estados Unidos y fue designado por su pueblo como el nuevo presidente. Es una proeza que hasta los estadounidenses no creían posible, ya que todo el mundo lo entendía y concebía como un sueño, más que por sus propuestas de fondo, por el hecho de no ser blanco, en un país que fue fundado sobre fuertes sustentos raciales.

Con esta victoria, el señor Obama rompe el molde y crea las bases de una nueva posibilidad en la política estadounidense. La de que una persona con cualidades, con mensaje e intención de ayudar a su pueblo, pueda organizar un movimiento en el que sus conciudadanos se sientan lo suficientemente identificados como para no solo obviar, sino desafiar todos los argumentos que hacen de la política una actividad poco popular.

Todo lo anterior refuerza la gran expectativa que existe para con el nuevo presidente de Estados Unidos, es una expectativa sana y natural, pero con la cual se debe tener cautela. Si bien es cierto que el gran apoyo dado al candidato demócrata fue fruto de una penetración profunda de su mensaje de esperanza acompañado de una alta concentración de propuestas de políticas sociales, no menos cierto es que las políticas de dicho país han tenido un corte poco social o progresista por muchos años.

Los últimos esfuerzos de implementar políticas sociales amplias que lograron ser convertidas en leyes, fue en los años sesentas durante la presidencia de Lyndon B. Johnson (sí, el mismo que mandó a los marines a invadir nuestra isla en 1965), con la Gran Sociedad o “Great Society”, parcialmente inspiradas por las propuestas de la Nueva Frontera del presidente Kennedy; la cual estableció programas de asistencia médica para los ancianos y el fin del segregacionismo racial.

Aunque en los años setenta dichos programas fueron ampliados, desde principio de los ochenta hasta la fecha no ha habido un esfuerzo concretado en mejorar y expandir dichos programas, sino más bien una clara política de reducción o eliminación de los ya existentes.

La importancia de la elección de Obama, mas allá de los aspectos raciales y el posible nuevo paradigma establecido por ello, radica también en la posibilidad de que con el Congreso cuasidominado por sus partidarios, su popularidad incuestionable y sobre todo con la excelente calidad de articular mensajes comprensivos, pueda contrarrestar más de dos décadas de fuertes oposiciones a medidas de beneficios sociales, logrando así la adopción de iniciativas de bienestar social que posibiliten la ampliación y fortalecimiento de dicha sociedad.

Las expectativas son naturales y saludables, pero deben ser tomadas con cautela puesto que no siempre es posible lograr lo dictado por las buenas intenciones. Pero, si el nuevo presidente estadounidense cumple sus promesas de campaña y logra convertir en ley propuestas de políticas sociales nuevas, como otorgar seguros de salud a todos los ciudadanos, podría revertirse decididamente el rumbo que por más de veinte años ha llevado dicha sociedad, realizando la transformación de dicha sociedad encarrilandola nuevamente en el concepto de estado de inversión social fundado en los años treinta, después de la gran depresión, que fortaleció a la clase media estadounidense.

Luis Miguel de Camps García - 11/26/2008

http://www.listin.com.do/app/article.aspx?id=82496

¿Quién carga pesado?



Desde el punto de vista socioeconómico, las sociedades alcanzan una verdadera estabilidad cuando en las mismas existe una gran clase media. En EEUU por ejemplo, no fue sino hasta después de varios años de el “New Deal” que dicha sociedad se recuperó de los efectos devastadores de la gran crisis de 1929, y que realmente se cimentó como la primera potencia mundial. Con el desarrollo de una numerosa y fuerte clase media, las sociedades pueden contar con una fuerza laboral que produzca trabajos de alto valor agregado. Esto permite que los salarios de dichos actores sean suficientes para lograr un mejor nivel de vida que permita cubrir sus necesidades básicas y otras comodidades adicionales así como lograr ahorros para situaciones imprevistas y posibles inversiones. Igualmente, una fuerte clase media puede lograr el florecimiento de pequeñas y medianas empresas, puesto que se accede a cierto capital.

En el país no existen fuertes oposiciones al argumento de que una clase media numerosa y fuerte es indispensable para el desarrollo económico y social. Siendo esto así, me pregunto entonces ¿Por qué las políticas económicas, en sentido general, de República Dominicana se mantienen apáticas o más bien contrarias a las aspiraciones de aumentar y fortalecer la clase media dominicana?

Podemos observar cómo en los últimos 20 años, las tasas impositivas en casi todos los renglones, encabezados por el ITBIS, han aumentado. Estos aumentos de tasas también han ido acompañados de una inversión en el concepto de aplicaron del mismo, ya que inicialmente el ITBIS se le aplicaba sólo a ciertos productos, mientras que en la actualidad son unos pocos los que están exentos del mismo. Algunas de las excepciones a esta tendencia son la reducción del impuesto de la transferencia de bienes inmuebles, en menos de un 2%, y la reducción de los impuestos sucesorales, los cuales, si bien es cierto que son aplicables a toda la sociedad, no menos cierto es el hecho de que quien más se beneficia del mismo es la clase económica que amasa mayor cantidad de bienes, no precisamente la clase media.

Los impuestos nacionales son los medios por los cuales el Estado obtiene los fondos para mantener el funcionamiento del mismo e idealmente para invertir en áreas que requieran de la intervención Estatal para suplir ciertas desigualdades y deficiencias que no han sido suplidas por el mercado. ¿Se ha hecho uso de los mismos en un orden de prioridad que garantice el desarrollo más que los afanes políticos y clientelares? No parece haber sido el caso.

La disminución en la producción de ciertos alimentos, junto al factor precio que mantienen los que llegan a cosecharse, se ha convertido en el talón de Aquiles para el fortalecimiento de la clase media dominicana. Cabria preguntarnos si una política de inversión indirecta en el proceso de producción y transporte de los alimentos puede ser más efectiva que limitarnos, como sucede ahora, a presentar mercados de productores esporádicos, y a veces electoreros, financiados por una institución en quiebra.

Estos son sólo algunos de los temas que afectan el bolsillo de los dominicanos y que, en especial, impiden el incremento de los miembros de la clase media en nuestro país, puesto que oprimen aún mas a los sectores empobrecidos de nuestra sociedad. Sabemos que no son problemas simples, pero también que la real solución de los mismos radica en el interés, intención y ánimo de solución de nuestros gobernantes, sin importar el precio político que puedan acarrear estas necesarias decisiones.

Luis Miguel de Camps García - 11/19/2008

http://www.listin.com.do/app/article.aspx?id=81647